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Los abuelos, un tesoro único e irrepetible



Dos nietos a corazón abierto


Ni bien nací me llamaron Lucia Laura: Lucia por mi abuela materna y Laura por la paterna. Diferentes motivos me llevan a hoy no tenerlas.

Lucia era joven cuando la diabetes se la llevó, mamá de 11 de hijos y abuela de casi 40 nietos, eligió su nombre cuando llegó con 14 años a Buenos Aires. Estoy agradecida a la vida del tan lindo nombre que me da significado.


Laura sigue con vida, pero un tanto enojada con ella misma y con todos los que la rodean. No la culpo ni juzgo. Rezo por ella y por su alma perturbada.

Me reconozco la preferida de ambas y por diferentes motivos también: con Lucia conviví pocos años pero intensos. Ella me pelaba las mandarinas en su falda mientras el sol de otoño nos pegaba en la cara. Ella y mi abuelo Emilio me traían coca cola a escondidas de mis papás por la ventana… De ahí mi vicio. Para Laura fui y soy la primera, la que le hacía gastar plata en la peatonal Belgrano y la que practicaba peluquería y manicuría con ella. La malcriada de ambas.


Los abuelos no fueron tan diferentes para mí:

Emilio era luz, era vida; me pesaba con la hamaca que hacía con sus manos y decía con voz de asombro: “haber cuanto creciste hoy”. El cáncer se lo llevó, dejando un dolor profundo en todos los que lo amábamos, pero me dejó un legado que hoy día me emociona: la devoción por la Virgen de Luján. El nos llevaba a visitarla, y cuando digo “nos llevaba”, hablo de un micro lleno con todos los tíos y los primos. Pasábamos el día a orilla del río, con algún asadito de por medio.


Salvador, mi abuelo paterno, no era Salvador: era Pichón! El abuelo Pichón. Lo disfruté poco, pero más tiempo. El me hacía el pollo como a mí me gustaba y me gusta, el era jardinero, olía a perfume de Avon en su campera de cuero marrón, él era paz, silencios que valían oro, en su currículum decía: “jardinero, cocinero, ferroviario, laburante confiable y de buena madera” yo hubiera agregado: morocho y fachero con levante. Claramente un LIONTE.


Abuelos, esos fueron y son mis raíces más profundas: italianos, guaraníes, dinamarqueses, mezcla de culturas. Los recuerdo, los tomo y conmemoró porque son la base de mi fe. Ellos son lo que San Joaquín y Santa Ana fueron para Jesús.

Nonos, abus, abuelitos, los papás de mis papás, los viejitos. Cómo quieras decirles. No hay día que no los recuerde, no hay día que no agradezca la fortuna que tienen mis hijos de tener a SUS abuelos: mis papás y los papás de mi marido. Ojalá ellos construyan ese lazo que deja recuerdos. Ojalá ellos puedan, de jóvenes tener la oportunidad de forjar el espíritu de respeto hacia esos adultos mayores que solo necesitan nuestro reconocimiento y paciencia.


Quizás ellos puedan como vos y como yo alimentarse de la dulce caricia de amor que da significado y deja una huella en el corazón.


Lucia Lionte

Acción Católica.

Parroquia Sagrada Familia - Billinghurts.


Por esas arrugas, por esas charlas, por esas risas, por esos enojos, por esos abrazos con aroma propio y característico de cada uno, por ese cerrar de ojos sumado a ese abrazo y a un “te amo”, por esas caminatas que te llevaban de la mano para que no te pierdas y de repente se convierten en un “agarrate abu… ojo con el escalón; esta calle está hecha bolsa, no se puede caminar”… Por esas chicanas con sonrisa pícara que esperan una respuesta en ese niño que se enojaba por cualquier pavada que ahora son un “ojalá vuelva a chicanearme desde el cielo”. Por esos corazones que formaban y forman el tuyo infringiendo la ley de tus padres, quedando ellos como los mal criadores número uno, pero que en el fondo de todo; “en la verdad de la milanesa”, sabemos todos que son la educación por excelencia que excede y supera todo tipo de educación formal.


Por esas vacaciones vividas con tanto cariño, con un simple estar con ellos escuchando cómo discutían entre sí, mientras te mandaban un sandwichito de queso minuto a minuto para que no pases hambre (y así terminaba, con forma de horma de queso), nunca esos kilos de más valieron tanto y significaron tanto. Por esos silencios profundos cargados de pensamientos y de reflexiones de sus vidas cargadas de sentido y de Dios.


Por esa mezcla de personalidades, que permanecen y permanecerán en mí corazón indeleblemente, sin querer que se borren y a las cuales vuelvo cuando necesito una dosis de sabiduría en mi rutina. Por esa simpleza en sus miradas, por esos enrosques en sus cabezas, por esa disciplina militar, por esa lucha diaria de una tigresa más fiel que un perro con su amo.


Por mis abuelos que siguen estando y por el que ya no está, por ellos hoy vivo y veo de una manera distinta la realidad. Sin su Amor no sería nada, sin haber compartido y sin compartir con ellos, sin dudas sería muy distinto a lo que soy hoy.


Hoy no puedo dejar de agradecerle a Dios por mis abuelos, quienes me enseñaron tanto con sus virtudes y defectos. Sin sus ejemplos, no podría estar ni pensar como hoy pienso.


Como disfruto de sus abrazos y cómo disfrutaba de los abrazos de mi abuelo que ya no está físicamente. Es el día de hoy que recuerdo hasta su aroma con una gran sonrisa. Estalla mi corazón de Amor por ellos y sin dudas por él, al recordarlo.


Quizás te pasa, que con el correr del tiempo y con las responsabilidades diarias los ves menos o no podés dedicarles el tiempo que quisieras. Sin embargo, te propongo que te hagas un tiempito, que le dediques un mensajito, ellos lo están esperando. Te aseguro que después de la llamada, sos tema de su conversación por toda la semana y no sólo de el/ella, sino que hasta sus amigos pasan a hablar de vos por ese llamado que tuviste. Esto no significa más que sos un valor gigante para ellos, por más distancia que exista.


Entre tanto ruido cotidiano, anímate hoy a acercarte a ese abrazo que hace tanto bien y calma tantas tormentas. Y si Dios lo tiene con él, en vez de regañarlo por “habértelo quitado”, agradécele por todo lo que viviste con él/ella y si no podés ver lo que te enseñó porque no compartiste mucho con ellos, investigá, preguntale a tus padres cómo eran ellos.


Te aseguro que hay más sabiduría en ellos que en cualquier libro.


“Corona de los ancianos son los nietos…” (Prov 17, 6). No dejes a tus viejos sin su corona, no los prives de tu amor, de ese amor que se multiplica en sus brazos. Aprovechálos, amalos, abrazalos, besalos, chicanealos, déjate chicanear…


Quien tiene un abuelo en su vida, tiene un tesoro ÚNICO E IRREPETIBLE, ¿Cómo dejarlo pasar?


Por Jonathan Romani

Seminaritas Arquidiocesis de Buenos Aires.

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