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Y después de la cuarentena.. ¿qué?

Me pregunto cómo salimos a la calle después de esto, ¿crecimos? ¿O nos encerramos profundamente? Muchas veces cuando vivimos la cuaresma decimos, “no, yo no puedo vivirla como quisiera porque mi ritmo de vida no me lo permite” o “no puedo vivirla como quiero porque mis obligaciones me impiden hacerlo”. ¿Y ahora?



No puedo no pensar en esto y relacionarlo con la parábola de los talentos (Mateo 25, 14-30).


Te invito a que la leas para que reflexionemos juntos: El hombre estaba a punto de partir y juntó a sus empleados, posiblemente sea un viaje planeado, o no; pero en ningún momento da lugar a pensar que el hombre dejo todo al azar y se fue. Seguramente pensó en que era lo mejor para poder explotar al máximo las capacidades de cada uno de sus sirvientes y le repartió sus bienes. Se los confió y me imagino que no dio más al más capaz y menos al menos capaz, sino confió en darle lo que cada cual podría manejar. Muchas veces creemos que Dios nos da más o menos de lo que necesitamos y Dios siempre te da lo que podés manejar. El tiempo justo, el lugar justo, la persona justa… El peso justo de tu cruz. Él pensó en vos, te planifico, sabe que con esto vas a poder y que podrías llegar a realizar un trabajo maravilloso. Te da lo que pensó para vos y se va tranquilo, no está preocupado porque confía en vos. Confía en tu capacidad.

Pensando en lo que recibió cada uno y como lo invirtió pienso en nuestra vida, y en estos días concretamente algunos recibimos cinco, otros dos, y otros solo uno… Algunos quizás, tuvieron la bendición de tener mucho tiempo libre (capaz demasiado), otros capaz tuvieron que seguir trabajando, estudiando o cuidando a su familia… pero no importa, lo importante es como pensaste invertir ese tiempo con y para Él.

Cuando el patrón llego rindió cuentas con cada uno, pero de manera justa. No esperaba que el que tenía dos le diera cinco, ni que el de cinco le diera dos. Él ya sabe lo que vos podés generar y el tiempo que le podías dedicar, no esperaba más…

Pero ¿Y si le damos menos? ¿Quién se perjudica? ¿Escondiendo nuestros talentos quien se perjudica más?

Hace poco hablaba con alguien a quien quiero mucho de esta parábola y nos dábamos cuenta de algo, cuando uno esconde o entierra un talento, no solo se perjudica uno, sino que también está privando al resto de algo grandioso. Los dones de Dios no son solo para que nuestro beneficio, somos seres creados para amar y para compartir. Si escondemos nuestros talentos, estamos privándonos de compartir con nuestros hermanos, con las personas que queremos y quizás con las personas que todavía no conocemos, pero que necesitan de la presencia de Dios que nosotros tenemos y que ellos todavía quizás no conocen.

Entiendo que por eso es el "enojo de Dios", no porque no le dimos el doble, no porque no le dimos su ganancia, sino porque esos dones que multiplicamos son siempre en beneficio nuestro y nos necesita para que más personas crean y se acerquen a Él.


No porque necesite más fans y pulgares arriba, sino porque la presencia de Dios sana, alimenta y renueva todas las cosas. Dios que es puro Amor no nos castiga, no nos echa a la oscuridad. La falta de su presencia es lo peor que podemos vivir, caminar sin un rumbo, la falta de Amor a la que nosotros mismos nos entregamos.

Por eso, a días de la pasión de Jesús, a días de la mayor prueba de amor de la historia, te invito a que reflexionemos juntos y pensemos: “¿estoy compartiendo todo lo que puedo dar?”, “¿estoy invirtiendo todo lo que Dios me dio o me estoy perdiendo en el encierro y la soledad?”

Estamos a tiempo, siempre estamos a tiempo. Pidamos a Dios y a su infinita capacidad de amar que nos acompañe siempre, que seamos mucho más de lo que somos y sepamos compartir todos nuestros dones para nuestro beneficio y el de todos nuestros hermanos.


Diego Herrera

Joven de la Parroquia La Sagrada Familia

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