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Una Semana Santa diferente

Comienza la Semana Santa, y estamos en cuarentena, por ende, no podemos vivirla como solía ser: Ir a la parroquia, encontrarnos con otros, vivir la fe en comunidad, preparar el viacrucis, disfrutar cada instante en el lugar que muchos sentimos como nuestra segunda casa. Es imposible no pensar la Semana Santa como un momento especial para vivirla “ahí metidos” 24/7.


Entonces, me pregunto: ¿cómo vivir esta Semana en cuarentena?





Se me viene a la cabeza el relato de Emaús (Lc 24, 13-33), y los diferentes momentos por los que fueron pasando aquellos discípulos. Porque, en definitiva, la Semana Santa es un camino.


En el primer momento de aquél camino, ellos se encontraban con tristeza, desesperanzados y con mucha desolación por la situación que estaban viviendo. Durante este tiempo podemos compararlo con nuestra realidad ya que seguramente durante esta cuarentena nos pudo haber pasado en algún momento esta sensación, y sentirnos de igual forma que ellos.


En el camino, aquellos discípulos no estaban solos, pero estaban tan tristes, que no eran capaces de poder ver la gloria de Dios, verlo a Jesús Vivo. Entender el final de la historia.


Sólo a partir de un Gesto: Compartir el pan, se permitieron encontrar con Él y dejaron que cambie su historia.


Entonces dicha lectura, me da dos respuestas concretas de cómo vivir este tiempo: “encuentro” y “gestos”.


En tiempos de Pascua, es momento de volver a lo simple. Un tiempo de vivirla con lo que tengamos, volver a mirar a Jesús y escuchar que tiene hoy para decirnos.


Para ello, podemos armarnos un altarcito, con alguna imagen de Jesús en la Cruz, mirarlo y preguntarnos ¿Qué cosas, actitudes, o situaciones de mi vida, hacen que no pueda ver a Jesús hoy? Entregárselo en oración para que nos ayude. Mirando su cruz, podemos ver nuestra cruz, esa que a veces puede ser tan pesada, a observarla, a amarla y a abrazarla.


Y para que nuestra Semana Santa en tiempos de “encierro” no sea sólo individual, ya que Jesús nos invita y llama a compartirnos con nuestros hermanos, pienso que también es una bella oportunidad para pensar y armar gestos hacia otros, para poder ser herramienta de Dios para con ellos.


Pero podrían decirme: Estamos encerrados no puedo ir a la parroquia, ¿Cómo sería eso?… Y yo les digo: Tal vez Jesús hoy nos esté llamando a que la vivamos con nuestro metro cuadrado, y que en lo cotidiano dejamos que ello tenga su sabor. Y no me refiero sólo a poder compartir lo litúrgico, sino más bien en lo concreto, en la vida misma. ¿Con qué gestos podrías compartir la Semana Santa con ellos?


Entonces, podemos decir que en la Semana Santa tenemos la Buena Noticia que la última palabra no es la Muerte sino la Vida. ¿Y qué significa esto? Nos invita a una transformación de nosotros mismos a partir de un Encuentro: Dejar morir al hombre viejo y darle lugar al hombre nuevo. Ser un Hombre Nuevo significa permitir que Jesús toque nuestro corazón, renazca en él y haga de lo suyo.


Si volvemos a la lectura, aquél encuentro les transforma la Vida, como todos los encuentros con Él, uno nunca vuelve a ser el mismo. “¿A caso no ardía nuestro corazón?”

Y si nuestro corazón nos ardiera, nos llenaríamos de esperanza, sabiendo que teniendo en cuenta nuestra realidad pronto volveremos a reencontrarnos, con alegría, con abrazos, Y nos podremos ver “diferentes” con más Dios adentro si es que permitimos que en esta Semana Santa Él toque nuestro corazón y lo transforme. Y seguramente, miraremos con más amor y con más valor a quienes tenemos al lado, no solo a nuestra familia y amigos que seguro extrañamos, sino a todos. Ya que nos dimos cuenta que de esta cuarentena hay una enseñanza: No nos salvamos solos, sino con otros. Y de alguna forma es la enseñanza que siempre nos deja Jesús.


Los invito a que se regalen ese momento, ya que es tiempo de volver a poner los ojos en Él para reencontrarnos, hoy es tiempo de hacer realidad su Reino desde nuestro granito de arena.


Confío que es lo que el mundo necesita: muchos más cristianos “conectados” llevando Amor a los otros, mirando como Dios mira al mundo. Y no nos olvidemos que somos los primeros testigos del amor de Dios para otros. ¡Feliz Resurrección!

Valeria Campisi

Parroquia Santa Juana de Arco

Miembro de la Pastoral Vocacional Diocesana

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