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Una nueva epifanía

¡Hola! Soy Eva, tengo 26 años y muchos me conocen porque “me gusta el arte”. Suena muy abstracto o burlón pero juro que es real. Trabajo en un museo de arte y una de las cosas que más me divierte es cuando alguien se para enfrente de una obra, la mira y dice: “¿Qué se supone que me quiere decir? ¡No lo entiendo!”. En ese momento siempre me acuerdo de Dios.





En mis búsquedas personales descubrí que el arte, como describe Juan Pablo II en su carta a los artistas: “Cuando es auténtico, tiene una íntima afinidad con el mundo de la fe. Es una especie de puente hacia la experiencia religiosa” 1.


El artista, en su proceso de crear, cualquiera sea su disciplina: ya sea con sus obras, sus canciones, sus escritos, películas, etcétera; busca interiormente. Es un camino muchas veces largo, que requiere adentrarse. Pero en esa búsqueda, te vas descubriendo auténticamente, con tus luces y sombras.


Por eso, cuando alguien se para enfrente de una obra, y “no entiende”, con mucho amor y paciencia, esa que nos tiene Dios, los invito a contemplar. No tratar de entender o poner palabras donde no las hay, sino sentir. Dios radica en esa búsqueda, en ese contemplar, en sólo sentir qué me quiere decir.


Muchas veces yo también me encuentro frente a Él y le digo “¿Qué se supone que me querés decir? ¡No lo entiendo!”. A veces soy yo la que está frente a una obra que no comprende. Con silencios descubrí que este gran artista creador de todo también se hace presente en eso que no se ve, en eso que sólo se siente.


El arte es manifestación de los sentimientos, es el lenguaje tangible, palpable de lo que no podemos encerrar en conceptos. ¿Cuántas veces una canción dice lo que sentimos pero no sabemos describir? Una película o una obra de teatro inspira sueños, anhelos; un libro nos revela cosas de nosotros mismos que ni siquiera imaginamos.


Los artistas, dotados de un talento especial, están llamados a poner, ante los ojos del mundo, lo que Juan Pablo II llama la belleza que salva. Es decir que, están llamados a ayudar a los demás a asombrarse al poner al descubierto el don divino en las realidades que acompañan la vida humana. Sobre todo, los y las artistas deben permitir que su intuición revele a otros el sentido de la vida. Para ello, bastaría con que supieran corresponder a la grandeza de su vocación, dando lugar a lo que el Papa denomina “una nueva Epifanía”.


Hoy te invito a que podamos ser puentes de asombro de la Buena Noticia ¿Te animás a compartir con otros esta “Belleza que salva”?


Eva Torreira

Acción Católica Argentina

Parroquia Jesús Buen Pastor - Catedral de San Martín

1 Juan Pablo II (1999). Carta a los artistas. https://bit.ly/35WAFyH

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