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“Sin arriesgar, ¿saben lo que le pasa a un Joven?”


Esta pregunta la realizó el Papa Francisco en preparación al sínodo de los jóvenes en 2018. Sus palabras completas fueron: “Sin arriesgar, ¿saben lo que le pasa a un Joven? Envejece. Se jubila a los 20 años. Un joven envejece y la Iglesia envejece”

Durante ese discurso, Francisco animaba a los jóvenes que participaron de esa reunión a que puedan hablar “sin caretas”, a que digan lo que piensan, con prudencia y respeto, pero que no se guarden nada.


Ese mismo año, en nuestra diócesis, vivimos la Asamblea Joven, en dónde todos elegimos como una de las propuestas pastorales: “el dialogo y la diversidad de opinión”.





Hoy, estamos publicando nuestro artículo número 20 en este blog. Esta iniciativa surge como herramienta pastoral, pero también como respuesta a aquello que elegimos en 2018 y también, como un modo de aceptar aquella invitación del Papa. Y no se trata únicamente de los artículos, que claramente son importantes. Más importante aún, son las 20 vidas, las 20 historias, los 20 rostros, que están detrás de ellos. Con sus aciertos y con sus errores, con sus sueños y con sus heridas. Son 20 jóvenes que quieren ponerle palabras a aquello que piensan, sienten y desean compartir con todos.

No es novedad decir que muchas veces las redes están plagadas de quejas, criticas destructivas y falsos diálogos en dónde nadie quiere abandonar su verdad.


El blog es una invitación a proponer, a reflexionar, a compartir una mirada sobre temas que nos movilizan; sobre temas “picantes”.


Creo, profundamente, que nuestra Iglesia necesita de jóvenes que se animen a decir lo que les pasa, que se animen a convertir la protesta en propuesta y que pasemos de la indiferencia a hacer la diferencia.

¡Cuidado! Cuando uno habla, escribe o se expresa, tiene que estar dispuesto a buscar. No es debatir, tampoco es exponer los puntos de vista para tratar de convencer. Primero, y ante todo, es abrirse a las demás personas, con el reconocimiento humilde de que tal vez otras miradas, otras problemáticas y otras perspectivas sirvan para enriquecer la propia percepción. Decir, es también estas dispuestos a escuchar. Lo cual no significa que uno coincida con todo lo que le dicen, no significa que no haya desacuerdos, pero si supone que uno tienda un puente, no para que el otro cruce, sino para que nos podamos encontrar en medio y hablar.[1]

Ojalá, si estás leyendo esto, te animes a escribir un artículo en nuestro blog. ¡Queremos escucharte! ¡La Iglesia necesita escucharte! Así, podremos evitar que la Iglesia envejezca y pueda responder a los signos de este tiempo. Pues, un tiempo nuevo, necesita respuestas nuevas.

Pedro Inzaurraga

Coordinador de la Pastoral de Juventud de San Martín [1] Adaptación del texto “El dialogo” del libro “En tierra de nadie” de José María Olaizola, sj.

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