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Peregrinando con el corazón


El mes de octubre llegó, y la tradicional peregrinación juvenil a Luján tomó un matiz diferente este año: no pudimos caminar o servir como otros años, pero eso no detuvo los corazones peregrinos para hacer presente a nuestra Madrecita de ternura, a nuestra querida Virgencita lujanera.





Cuando un corazón está inquieto por algo que ama, se las ingenia y su creatividad se pone en movimiento, y es lo que ocurrió: si uno miraba las redes veía un montón de iniciativas virtuales; fotos recordando otros años; sencillos gestos en las casas como rezarle a una imagen o mesitas colocadas en la puerta de las parroquias para que la gente rezara a distancia a la Virgen, e incluso hubo lugar para una actividad misionera. Y en esto último, me quiero detener a reflexionar en este artículo.



El mes de octubre también es conocido como el “mes de las misiones” y la Pastoral de Juventud de San Martín caminando hacia la Misión Joven 2020, quiso unir el misionar con esa peregrinación que tanto íbamos a extrañar.


¿De qué manera lo hicieron? Por si no lo viste en las historias, en distintos puntos de los cinco decanatos de la Diócesis, algunos jóvenes se reunieron y salieron por las calles a repartir estampas de la Virgen, motivando a rezar y a peregrinar con el corazón. Otros optaron por dejar la imagen en un punto y misionar a los que se acercaban o transitaban por el lugar.


De una manera o de otra, los jóvenes abrieron el mes misionero juvenil, tiñendo de celeste cada decanato y haciendo presente en los hogares a la tan querida Virgencita.

Fue algo providencial, fue poner en manos de María este mes que empezamos a caminar y que tendrá muchas sorpresas a lo largo de las semanas. Pero también, sin darnos cuenta, la Virgencita que nos espera en Luján se puso a caminar y quiso abrazarnos a través de estos gestos. Quiso actualizar ese “partir sin demora” que vivió con su prima Isabel (Cf. Lc 1, 39), pero esta vez, con sus hijos que hoy atraviesan una difícil situación y necesitan de su cuidado y amor maternal. Ella, la misionera por excelencia, no se quedó sola en la Basílica, sino que por medio de múltiples formas llegó a cada hogar, familia, corazón, que necesitaba de ese abrazo de madre, como pide el lema de la peregrinación de este año. Ese debe ser un ejemplo para nuestra marcha.


Sin embargo, el lema hace otro pedido: “queremos seguir caminando”, y esas palabras son muy aplicables para este mes misionero que inicia, porque misionar es “querer”, es desear anunciar y compartir con los demás el amor que Dios me brinda gratuitamente en mi vida. Es “seguir”, más allá de toda dificultad que se pueda presentar en el camino, hoy es esta pandemia, pero eso no es impedimento para llevar la presencia de Jesús a los distintos ámbitos donde nos movemos. Pero misionar es también “caminar” como lo hizo María, y no se trata de un caminar físico sino de un salir de nosotros mismos para encontrarnos con los otros, con aquellos que más lo necesitan.


Misionar es reconocernos familia, y ahí el plural del pedido, porque no dice “quiero”, sino “queremos” y al pensar esto, me viene a la cabeza lo que Francisco nos decía en su bendición Urbi et Orbi de marzo: “Estamos todos en la misma barca”. Que este sea nuestro horizonte a lo largo del mes misionero juvenil… Anímate a escribirle o hablarle a aquella persona con la que quizás no interactúas hace tiempo… a mirar a tu alrededor e identificar a aquel hermano que no la está pasando bien… a llevar un gesto de cariño a las personas que están tristes o se sienten solas, porque como mostró la actividad de los jóvenes, con un mínimo gesto se puede misionar, se puede “peregrinar con el corazón”, se puede imitar a María, que hoy más que nunca, desde Luján nos vuelve a decir: ¡Argentina, canta y camina!

Nahuel Sombra

Seminarista de la Diócesis de San Martín

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