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Cuarentena, tiempo de esperanza


Ciertamente en esta cuarentena, hemos vuelto a sentir tantas cosas, que en la cotidianidad se nos escapan de la mano, sentimientos de amor del anhelar el encuentro, dar un abrazo, tomar mate con nuestros seres queridos. Tal vez muchas de estas cosas las veníamos haciendo, por inercia, sin sentimientos, vacía de amor y de ganas y es acá donde aparece la esperanza ya que nuestro corazón vuelve a sentir estas cosas y anhela tener ese abrazo que tuvo el hijo prodigo con su padre (Lc 15, 11-32), el reencontrarnos con nuestra familia, abrazar a nuestros seres queridos y hacer una fiesta.





Pero también existe otra realidad en esta cuarentena y que es el tema de tantas cosas que está viviendo la sociedad. Tanta gente sufriendo necesidades, pasando hambre y frio, jóvenes sin esperanza, jóvenes dejando de luchar por sus sueños, dejando sus estudios, con tristeza, depresión, ataques de pánico. Y ciertamente nos estamos dejando ganar por todo eso. Esto es lo que nos trae ceguera y confusión y no podemos ver el paso de Dios por esta etapa del mundo y de la vida que nos toca pasar.


Acá voy a citar la lectura del Evangelio de Juan, cuando Jesús se encuentra a este ciego de nacimiento y los discípulos le preguntan:” Rabí, ¿quién pecó: él o sus padres, para que naciera ciego?”. Hoy nosotros estamos siendo como este ciego, esta ceguera causada por todo lo que genera esta pandemia, por procesos personales, por la depresión, la angustia, el encierro, las preocupaciones. Y este Jesús que les dice: el no está ciego por las culpas y pecados de sus padres, si no para que se manifieste la gloria de Dios. Hoy es necesario que en este tiempo de pandemia empecemos a reconocer y mirar con esperanza y hacernos desear aun mas ese abrazo para que después de tanto tiempo decir: ¡valió la pena esperarlo, valió la pena la nostalgia de los nuestros para que nuestro corazón se transforme y empecemos a sentir que todas estas corazonadas son fruto de la manifestación de la gloria de Dios hacia nosotros¡.


Es muy importante en este tiempo que se nos hace difícil a todos tener esta esperanza de abrazarnos nuevamente con nuestros seres queridos; y esto como dije recién ya es fruto de la gloria de Dios. Hoy vuelve a brotar ese deseo de extrañar de abrazar, de compartir con nuestros amigos y familiares y ese mismo deseo es gracia de Dios


Ojalá que en esta cuarentena con la ayuda de la oración aprendamos a ver con los ojos de la fe y podamos mirar con esperanza el futuro, para que a la hora de encontrarnos, sintamos ese amor de Dios que se rebeló en el ciego y empecemos a ver y sentir esas cosas que en la cotidianidad se nos pasan de largo.

Lucas Rodríguez

Seminarista Diócesis de San Martín

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